Roces del habitar en la arquitectura construida


Leonard McCombe (1923)

Llegados a este punto, cabe preguntarse por esa especial región en donde se rozan, no sin placer, la arquitectura laxa del lugar con la arquitectura materialmente conformada.
Es por cierto una verdadera zona erógena, un territorio apasionado en donde el placer de vivir tiene efectivo lugar. Allí todo encaja del mejor modo y los roces son los estremecimientos felices de la existencia. Allí resuenan los ecos de las palpitaciones de la vida con peculiar reverberación. Allí, en los rincones virtuosos de la arquitectura efectivamente vivida, todo es una vibrante penumbra.
A las zonas de roce, entonces, deberemos prestar una atenta percepción, con el ánimo bien dispuesto y simpático.

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