Vikky Alexander
(1959)
Es
preciso entender que en el atrezo debemos afrontar una escritura peculiar.
Se
trata de lo que el cuerpo hace por su
proyección sobre el lugar. Y lo que hace no es una operación mecánica, sino una
producción poética, en el sentido
hondo de la expresión. No se trata exclusivamente de una relación entre el
lugar habitado y la mente, sino del cuerpo vivo, de la mente encarnada que
trabaja sin cesar —conscientemente y no— en la proyección de su identidad y
referencia en los lugares. Sólo que no escuchamos con suficiente atención a
estos nuestros signos. Sólo que no sabemos ver aún todo lo que tales signos
dicen de nuestra condición de habitantes. Sólo que aun ahora, que estamos
advertidos, podemos situarnos convenientemente ante el abismo de significados
que se ahonda.

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