Monik Molinet
Vamos
por el mundo dejando impregnado nuestro paso por los lugares.
Empezamos
a poblar una casa nueva sólo cuando disipamos con las trazas de nuestra
presencia los aromas de pinturas y barnices de obra. Cuando recluimos el polvo
en ciertos rincones. Cuando, imperceptibles aún, los microorganismos que se nos
asocian pueblan las regiones más recónditas. Cuando transpiramos los humores de
la vida y van quedando por aquí y allá, invencibles frente a la ventilación
avara y a la insolación exigua.
No hay
fragancias comerciales que puedan con el aroma propio y diferencial de la casa,
con las inscripciones osmotópicas de sus habitantes.

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