Isa Marcelli
(1958)
Arrebujarse
constituye la marca de confort térmico por excelencia.
Aprendemos
temprano a solazarnos con la fresca tibieza que alberga nuestro sueño inocente,
nuestra piel apenas cansada, nuestro abstraído ensimismamiento. Cuando nos
arropamos nos replegamos a las regiones remotas de la infancia, cuando el mundo
nos pesaba menos y contábamos con un amparo seguro para soñar. Cada vez que
encontramos la temperatura conveniente, el espíritu viaja hacia los apartados
jóvenes de nuestra historia, hacia ciertas facultades básicas proclives a
volver a pasar por el corazón lo ya vivido. Por ello, contar con un fresco
abrigo constituye una demanda humana de primer orden, que no es otra cosa que
disponer de las condiciones adecuadas para el ensueño.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario