Tony Vaccaro
(1922)
Es
preciso munirse de una nueva sensibilidad y una especial acuidad perceptiva
para reparar en la arquitectura del lugar, que es una arquitectura que precede,
deriva y contornea a la que conocemos.
Antes
que haya el más mínimo gesto constructivo material, puede constatarse que
existen disposiciones del cuerpo, hábitos y sueños que demandan y conforman una
arquitectura laxa hecha con los pormenores de la presencia y población de los
lugares. Esta arquitectura blanda dirige a los cuerpos a tener lugar, a
hacérselo, a ahuecar espacios y tiempos para celebrar los rituales vitales más
imperiosos. Hay, pues, una arquitectura laxa en el deseo, el sueño y la demanda
de transformaciones formales y materiales en el ambiente.
Y
también hay arquitectura laxa después, por dentro y alrededor, de la
arquitectura material, toda vez que la vida palpita allí. Pudiera pensarse — desafiando al sentido común—que los
esfuerzos constructivos no son más que meros instrumentos trabajosos, pesados y
contundentes, que apenas si median entre las lábiles arquitecturas del lugar.

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