Todo el cielo sobre las terrazas

Thomas Fearnley (1802- 1842) Terraza en Sorrento (1834)

Primero, se conquista un lugar eminente. Luego se despeja una superficie horizontal para la estancia y la contemplación bajo el esplendor del cielo. Entonces sucede algo tan espléndido como una terraza.


Honor a los suelos elevados

Una terraza constituye un género particular de habitación.
Se origina en una cierta extensión de suelo elevado algo sobre el paisaje circundante y en ocasiones carece de muros y cubiertas. De la mano de su esencial simplicidad va su versatilidad funcional: domina en ella la contemplación relajada de los alrededores y todo aquello que uno puede llevar a cabo mientras tanto. Se trata de lugares en donde suele ser amable el cielo.

Si bien suelen agradecerse las seguridades de los parapetos, más se valora el despliegue magnífico del cielo.

En donde el sueño tiene lugar

Friedrich von Amerling (1803- 1887) Pescadora dormida (1834)


Hay que asegurarse de contar con un lugar adecuado para dormir, tanto como también adecuado para despertar en él.

Ceremonias y rituales cotidianos: Dormir

Cuando el cuerpo puede descansar con seguridad y comodidad, la conciencia puede tomar de éste una cierta distancia.
Así, un lugar habitable, de un modo muy básico es un lugar en donde la conciencia puede desentenderse por unas horas de la vigilancia atenta del cuerpo y, sobre todo, el lugar en donde cuerpo y conciencia pueden volver a reunirse con placidez. Para ello, el sitio debe ofrecer garantías de seguridad y un confort fundamental en donde el cuerpo distribuye su peso sobre la mayor superficie posible y de la forma más pareja posible.
En los hoteles actuales, la calidad del sueño es el primordial aspecto del servicio. Adecuada insonorización, adecuado confort higrotérmico y lechos firmes y mullidos son claves.

Pero también hay que considerar cómo lucen las cosas en el crucial momento de despertarse.

Cuestiones de apertura (86)

¿Hasta qué punto los valores arquitectónicos, desde la perspectiva del habitar, diferirán de los reconocidos tradicionalmente en el ámbito profesional?

Otras dimensiones físicas de los lugares

Vladimir Makovski (1846- 1920) Una conversación (1910)


La conformación fonotópica del lugar: el tono de la conversación hace de la mesa un lugar que deja afuera al durmiente.

Henri-Pierre Danloux (1753- 1809) El barón de Besenval en su estudio (1791)

La articulación termotópica de los lugares: a espaldas del sillón de orejas ya imperan otras condiciones de confort relativo.

Caravaggio (1571- 1610) La vocación de San Mateo (1600)
Los pintores enseñan a los arquitectos a modelar los lugares con la luz. A aprovechar la lección.

Energías que hacen lugar

Hay al menos tres manifestaciones de la energía que hacen lugar: el sonido, el calor y la luz.
El sonido articula los ámbitos habitados en la articulación activa de esferas fonotópicas que diferencian a propios de extraños con la modulación del volumen y la restricción de la información. Una confidencia susurrada une a dos o más amistades y deja afuera a todos los demás. Si alguien eleva el tono de su voz, concita la atención de aquellos que están algo distantes y conforma así un amplio auditorio. Los solitarios buscan zonas de silencio para encontrarse consigo mismos.
El calor distribuido heterogéneamente articula respectivamente zonas caldeadas y frescas. Así, la proyección del calor de un hogar abierto genera un lugar en su proximidad, alejándolo termotópicamente de las zonas circundantes. Un emparrado señala con su sombra un ámbito de frescura hurtado a una agobiante canícula.
La luz también opera cuando aparece distribuida de modo discontinuo. Caravaggio y Georges de la Tour han mostrado de manera ejemplar cómo una débil luz revela una presencia que se recorta dramáticamente de las sombras circundantes. Con la luz también se modelan lugares habitables.

Las dimensiones físicas de los lugares habitados no se reducen a las cuatro dimensiones físicas clásicas —las tres espaciales y el tiempo—, sino que comprenden además las provenientes de los gradientes de sonido, calor y luz: dimensiones entonces fonotópicas, termotópicas y fototótpicas. Las dos dimensiones primeras fueron puestas en consideración por Sloterdijk (2004); la tercera se agrega aquí, siguiendo su ejemplo.

La arquitectura entre paréntesis, ahora el hombre

Caspar David Friedrich (1774- 1840) El monje frente al mar (1810)


Hay hacia 1975 un importante conjunto de aportes reflexivos sobre la condición humana y la arquitectura. El habitar empieza a abordarse con rigor por parte del pensamiento de algunos arquitectos.

Etapas en una genealogía de la Teoría del Habitar (IV)

Hacia el tercer cuarto del siglo XX hicieron peculiar eclosión un conjunto de publicaciones que mostraban un claro interés en el habitar humano.
Así, el noruego Christian Norberg-Schulz publica en 1971 su Existencia, espacio y arquitectura. Este ha sido un texto seminal para articular la filosofía de la existencia con la disciplina arquitectónica. Este trabajo ha sido seguido por Genus Loci, Hacia una fenomenología de la arquitectura, 1980, L’abitare. L’insediamento, lo spazio urbano, la casa, 1984 y Concept of Dwelling  1993.
Por su parte, el arquitecto catalán Josep Muntañola i Thornberg ha desarrollado una amplia producción ensayística en torno a la categoría del lugar. Así, publica en 1974 La arquitectura como lugar y la serie de Topogénesis uno (1979), dos (1978) y tres (1980).
También se deben tener en cuenta las publicaciones de Christopher Alexander, de clara inspiración estructuralista aplicada al tema. Son especialmente importantes Un lenguaje de patrones (1977) y El modo intemporal de construir (1979).

Estos aportes suponen un contundente y convergente punto de inflexión en el desarrollo de la teoría del habitar.

Olvidos imperdonables

August Wilhelm Ludolph Stegmann (1840-1921) El monasterio de Santa Afra (1921)


Es cierto que no siempre se puede ser un maestro de la arquitectura. Pero este diseño de escalera, en su relación con la puerta secundaria lateral, es sencillamente criminal.

La cadencia de las escaleras

Cierta escalera de Carlo Scarpa asegura, a la vez que un tránsito fluido y regular, una singularidad a cada uno de los peldaños.
Puede pensarse que se trata en este caso de una intensificación abusiva del encarnizamiento arquitectónico. Pero es verdad que cada paso merece una especial atención: el primero del arranque de la subida es singularmente importante (y suele diseñarse diferenciadamente); el último de llegada y remate también tiene su papel que desempeñar; ¿qué decir de los intermedios?

Una concisa y sustanciosa reflexión

Véase:
http://www.20minutos.es/opiniones/carlos-lahoz-columna-opinion-la-adorable-y-maldita-ciudad-3178799/

Estructuración fundamental del lugar

Gaines Ruger Donoho (1857- 1916) La Marcellerie (1881)


Un sitio físico, por merced de la presencia humana deviene un paisaje estructurado tanto en las dimensiones físicas clásicas como en las originadas en el propio habitar.

Actividades del habitar en las dimensiones clásicas

En las dimensiones físicas clásicas —las tres espaciales y el tiempo— son peculiarmente vividas por las actividades fundamentales del cuerpo.
Así, la marcha desarrolla ante nosotros la profundidad perspectiva y allí cabe avanzar, por lo general, y a veces retroceder.
La bipedestación supone ocupar la dimensión vertical en donde es posible elevarse o descender.
La latitud comprendida por el desarrollo de nuestra acción y dominio permite ya ensanchar, ya angostar.

Estas actividades fundamentales constituyen una rica y entrañable articulación de significados que son activados con la habitación plena de la arquitectura de los lugares.

Cuestiones de apertura (85)

¿Puede concebirse a la casa, como Kant, el único bastión frente al horror de la nada, la noche y los oscuros orígenes?

La tierra a la mano

Mural egípcio que ilustra la producción de ladrillos 1450 AC

Un ladrillo ya era un muro, la estructura básica de un edificio, el origen de una urbe. Todos estos elementos, del aparejo a la ciudad, estaban ya presentes en la figura de un ladrillo cuya forma geométrica introducía los ejes y las formas geométricas fundamentales con los que organizar y compartimentar el espacio.

Pedro Azara, 2016

El mundo de las cosas a la mano

Los homínidos se convierten en quiroprácticos, que por medio de sus recién adquiridas manos establecen relaciones extrañas con las cosas. Sí, la existencia de “cosas”, en el sentido de objetos manejables y públicos en torno a nosotros, es ya un reflejo mundano del acontecimiento que supone que un día en la sabana ciertas islas de monos emprendieron el camino a la adquisición de manos
Sloterdijk, 2004

Las manos humanas, liberadas del compromiso locomotor, se revelan pronto decisivas para la autoconstitución humana.
En efecto, al asir algo, esto se vuelve una cosa; al lanzar esta cosa, hay una acción a distancia, una conquista práctica de un lugar, una distinción estructural básica entre aquellas cosas-a- la-mano, por una parte y los entes que no-están-a-la-mano. El lugar, entonces, llega a ser el lugar geométrico de todas las cosas a la mano.

El habitar integra en el lugar el producto interno de todos los asimientos efectivos. Por obra de las manos, hay cosas y hay un mundo de estas que se despliega a nuestro alrededor.

Una sustancia sin cualidades sustanciales

Béla Spányi (1852–1914) Paisaje de un río al anochecer (1914)


Habitamos esa sustancia diáfana, sutil y evanescente que parece abrirse con levedad a todo lo que es, casi sin aparecer en la percepción, pero con la esencial cualidad de lo respirable.

Plumas ajenas: Gaston Bachelard

El aire nietzscheano es entonces una extraña sustancia, es la sustancia sin cualidades sustanciales. Puede, por lo tanto, caracterizar al ser como adecuado a una filosofía del devenir total. En el reino de la imaginación, el aire nos libera de las ensoñaciones sustanciales, íntimas, digestivas. Nos libera de nuestra adhesión a las materias: es, pues, la materia de nuestra libertad. A Nietzsche el aire no le trae nada. No le da nada. Es la inmensa gloria de una Nada. Pero no dar nada ¿no es el más grande de los dones? El gran donador de las manos vacías nos libera de los deseos de la mano tendida. Nos acostumbramos a no recibir nada, en consecuencia a tomarlo todo.

Bachelard, 1953

Hacia donde van todos los caminos

Charles Edwin Fripp (1854-1906) Retorno a casa (1906)


Al menos en uno de los extremos de un camino está siempre la casa.