"Sólo por la filosofía puede experimentar la inteligencia cómo sus pasiones llegan a conceptos". Peter Sloterdijk, 1998
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Colpoprácticas (II) Asentarse
Contra la ciudad adjetivada (XIV) Ciudad dormitorio
La consecución del fin por la forma
Contenidos resaltados: Antropología del habitar (III)
Se considera comúnmente que el lugar
por antonomasia del habitar es la casa, en cuanto espacio asociado con nuestra
identidad como sujetos individuales y culturales. La idea de casa está
relacionada con la noción de abrigo, de techo, de protección, pero también con
la idea de centro y de punto de referencia, ordenador del mundo del sujeto.
Giglia, 2012: 9
Si el lugar por antonomasia es la casa
es, precisamente, porque la noción de casa es, antes que un abrigo, un lugar.
Es que podemos carecer de abrigo, pero siempre estamos al amparo de un lugar,
por precaria que sea nuestra situación. Estar fuera de lugar es errar
desubicado, desamparado de una condición tan elemental de nuestra existencia
que corre siempre por debajo de la situación de confort, por los fundamentos
mismos de la vida. En cambio, podemos sentirnos como en casa en todo
lugar que se nos abra hospitalario, por más que no sea otra cosa que una
humilde habitación de hotel o aún de un hospital. Pero también puede ser tan
hospitalario un banco en un parque, o aún, un cierto peldaño en una cierta
escalera. Es el cuerpo el que decide tener lugar.
Pero es más cierto aún que la casa,
como lugar por excelencia que es, constituye un centro, un foco, un origen de
coordenadas topográficas. Un punto cero del habitar. Pero aun los que habitan
en una circunstancia desposeída de techo, para los caminantes rurales y los
vagabundos urbanos, el lugar del punto cero lo llevan siempre consigo. Porque
quizá una de las más extremas formas de la miseria sea que no contemos por
punto cero del habitar más que con nuestro propio frágil cuerpo, allí donde nos
encuentre el capricho del tiempo. La casa es la envoltura cultural consolidada
de ese aquí que portamos en nuestra endeble constitución existencial.
Ref: Giglia, Ángela (2012) El habitar y la cultura.
Barcelona, Anthropos, 2012
Viejas cuestiones (XXIX): El concepto de vivienda de interés social
Reescrituras (XXVII): El lugar del poeta
Colpoprácticas (I) La marcha prospectiva
Contra la ciudad adjetivada (XIII) Ciudad de la palabra
Plumas ajenas: Italo Calvino
Contenidos resaltados: Antropología del habitar (II)
La relación con el espacio a nuestro
alrededor es un proceso continuo de interpretación, modificación,
transformación, simbolización del entorno que nos rodea, con lo cual lo
humanizamos, transformándolo en un lugar moldeado por la intervención de la
cultura. Habitar tiene que ver con la manera como la cultura se manifiesta en
el espacio, haciéndose presente mediante la intervención humana.
Giglia, 2012: 9
Habitar es la operación humana de hacer
del tiempo y el espacio un lugar. A estos efectos se debe contar, en principio,
con una interpretación sensible: tiempo y espacio se constituyen como las
estructuras efectivamente comprendidas con las que construir la historia y la geografía
de unos lugares que resultan perturbados por la proyección de una estructura
estructurante, esto es, una modificación, una versión operativa y operada
de lo vivido. Porque a la apercepción y a la proyección le siguen de cerca una ineludible
trasformación constructiva y una producción simbólica del lugar.
Así, el habitar resulta el cultivo del
lugar por obra de la presencia y población. Tal cultivo tiene tanto al tiempo
como el espacio como dimensiones operativas y una resultante de humana
producción. Por ello, el habitar es, a la vez, un obrar, un producir y un
cuidar.
Ref: Giglia, Ángela (2012) El habitar y la cultura.
Barcelona, Anthropos, 2012
Viejas cuestiones (XXVIII): Los sueños del habitar
Reescrituras (XXVI): La vida, una arquitectura profunda
Valor de las ventanas
Contra la ciudad adjetivada (XII) Ciudad del conocimiento
Por una estética de las inmersiones
Contenidos resaltados: Antropología del habitar (I)
…Al considerar al habitar como sinónimo de relación con el mundo, le atribuimos un significado antropológico primordial, en cuanto fenómeno cultural, que es al mismo tiempo elemental y universal.
Giglia, 2012: 9
El habitar no es una forma de conducta
cualquiera: es el ethos de hacer presencia y población en el mundo que
constituimos. Por ello, el habitar tiene una naturaleza relacional; está
construida por nuestra condición de seres situados, de seres que tienen lugar
siempre en unas circunstancias precisas, necesarias e inescindibles de nuestra
contextura humana. La caracterización del habitar como fenómeno cultural es
peculiarmente importante por implicar que no se trata aquí de una conducta
humana innata o “silvestre”, sino que supone un aprendizaje, unos modos de
transmisión intergeneracional no genéticos y un estatuto de producciones de
sentido.
Hay que prestar peculiar atención a
esta primordialidad antropológica fundada en el carácter elemental, básico,
fundamental. Lo primero, por sencillo, por ineludible, por constitucional, es
habitar. Y si esto es cierto, no lo es menos que es universal, porque a todos y
en todo momento nos es impuesta la condición de habitantes, aun cuando no nos
desempeñemos de los mismos modos. Mediante dos líneas de reflexión
antropológica podemos confirmar, ahora, que estamos más o menos donde debíamos
estar, en cuanto a reflexionar estas cuestiones.
Ref: Giglia, Ángela (2012) El habitar y la cultura.
Barcelona, Anthropos, 2012












