La caricia íntima al lugar de todo habitante


Evelyn Hofer (1922-2009)

Es posible pensar ahora que habitar supone una caricia íntima al lugar por parte de sus habitantes.
Con un gesto que tiene mucho de amoroso, el cuerpo irradia entonces su estructura sobre el lugar, dilatando a su aire una esfera sutil que llega a rozar ciertas zonas sensibles de la arquitectura materialmente conformada. Con una actitud corporal solícita, el cuerpo trabaja constante y empecinadamente por la conformación efectiva de una estructura estructurante que dota de forma sensible al lugar habitado. Con la regla de una superior coreografía, el cuerpo juega su pasión en el área amparada.
Todo un profundo sentido emerge de la habitación de la arquitectura del lugar. El sentido que proviene de una caricia a la vez juguetona, esforzada y amorosa.

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