La experiencia del habitar (II)


Ad Van Denderen (1943)

 

Otro aspecto especialmente señalado de la experiencia del habitar es su carácter intrínsecamente complejo.

Esto tiene consecuencias en el terreno de la estética, en donde se acostumbra distinguir entre la refinada acuidad del sentido del gusto de ciertas minorías, muy por encima del presunto basto criterio de los más. Si consideramos la omnipresencia tanto como la complejidad de la experiencia estética del habitar, resultaría temerario intentar siquiera discriminar tales experiencias según su eventual refinamiento. Todo lo más que podría considerarse es que las personas cultas o educadas podrían, en el mejor de los casos, tener mejores herramientas comunicativas para dar cuenta de sus experiencias. Esto parece situar el problema en un lugar inesperado: ¿A quién recurriríamos en pos de la sabiduría estética del habitar y mediante qué asedio psicoanalítico pudiésemos acaso registrar el fondo efectivo de sus vivencias?

Porque, a no dudarlo, lo que cuenta, en todo caso, es la profundidad sensible de las vivencias de quienes demuestren ser peculiarmente avisados en el arte de habitar

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