Urbanitas en cuatro dimensiones (II)

María de los Ángeles Martínez (1953- ) Plaza Matríz

Podemos (y debemos) ser prácticos y rutinarios como el usuario, curiosos e intensos como el turista, críticos y poéticos como el paseante, o activos e implicados como los comprometidos.
Blanco et.al., 2016

Aquí se ha propuesto sustituir la dimensión usuario por la de habituado.
En lo que toca a la dimensión turística sólo cabe un ligero ajuste. Visitante denota con claridad la actitud, vocación y condiciones que tienen. los urbanitas cuando exploran o bien ciudades poco o nada conocidas o bien exploran regiones no frecuentadas de su propia urbe.
Los visitantes agudizan su percepción en el descubrimiento del ámbito novedoso, fijando aquí y allá mojones o hitos de sus itinerarios. Los visitantes, de esta forma, toman distancia y juzgan con intensidad la imagen urbana y son especialmente sensibles a la decodificación del paisaje.

Los visitantes inauguran el espacio urbano en un estado prístino e insustituiblemente revelador: toda ciudad ha sido conocida en principio a través de una recién estrenada curiosidad.

Urbanitas en cuatro dimensiones (I)

María de los Ángeles Martínez (1953- )  Plaza Matriz

Podemos (y debemos) ser prácticos y rutinarios como el usuario, curiosos e intensos como el turista, críticos y poéticos como el paseante, o activos e implicados como los comprometidos.
Blanco et.al., 2016
Es interesante esta propuesta de taxonomía general de los habitantes de nuestras ciudades.
Pero conviene revisar los términos.
En primer lugar, es necesario enfocarse sobre los urbanitas, esto es, aquel sujeto que ha nacido o que vive en una ciudad y prefiere su estilo de vida allí frente a alternativas como el campo o la ciudad pequeña.
Los que suelen adoptar prácticas recurrentes y rutinarias son denominados por nuestros autores como usuarios. En verdad, el término encubre un cierto matiz de aceptación pasiva de una relación sujeto/útil o, peor aún, un mero consumidor conformista. La cuestión cambia si se los denomina habituados, lo que distingue la dimensión que adoptan aquellos urbanitas que ajustan su conducta, sus ceremonias y sus rituales en formas integradas por el tiempo y la frecuentación de los lugares.

Los urbanitas habituados hacen mucho más que usar sus ciudades, sus ámbitos públicos y sus equipamientos: practican su ciudad.

Las cosas, de lado a lado

Jan Brueghel el Viejo (1568- 1625) Los sentidos del oído, tacto y sabor (1618)

Un escenario para la acción tiene una peculiar dimensión en su amplitud.
Supone la amplitud una holgura y una libertad de movimientos resultante; una dilatación que señala un incremento en la latitud. De la amplitud es tentadoramente fácil —aunque no del todo riguroso— deslizarse hacia la ampulosidad, a una espaciosidad relativamente vacante en la expresión.
En todo caso, la apreciación visual de una extensión es, paradigmática, la anchura, que proviene del recorrido, en un plano perpendicular al de la visión, de un lado a otro. Estimamos con mejor exactitud relativa el ancho que la altura y mucho mejor que la profundidad.
Un talante cultivado es el resultante, en principio, de una amplitud de miras, mientras que el dominio estratégico de una situación hace aconsejable disponerse ante el ancho panorama. Los horizontes despejados y abiertos son los que lucen su mayor vastedad.
Un lugar confortable es, en principio, amplio. Por el contrario, lo constreñido a la estrechez es incómodamente escaso, carente, deprivado.

La amplitud se mide, en lo fundamental, con la apertura de los brazos, con la proyección de nuestra envergadura.

Plumas ajenas: García et. al.

La ciudad capitalista puede entenderse como el actual modelo urbano que transforma nuestros pueblos y ciudades en espacios diseñados para la reproducción económica y la distribución e intercambio de mercancías, a partir de la implementación de tres procesos:
  • la búsqueda del beneficio económico en la ordenación del territorio convirtiendo a los sectores empresarial y financiero en auténticos actores políticos y determinando que cualquier intervención urbana tenga que ser susceptible de reportar algún tipo de plusvalía;
  • la progresiva extensión del control y la filosofía capitalistas a todos los ámbitos de nuestras vidas (trabajo, cuidados, consumo, organización política, usos y costumbres del espacio público, conocimiento, ocio, hogar, familia, sexo...);
  • la reiteración generalizada de las mismas estrategias de marketing urbano por los planificadores y gestores de muchas otras ciudades similares de fuera y dentro del Estado.

Esther García García, Óscar Salguero Montaño, Ariana Sánchez Cota y Juan Rodríguez Medela, 2016

Artículo completo en:

Artículo tan interesante como inquietante

Véase:
http://www.santiagodemolina.com/2018/03/la-casa-sin-intimidad-hacia-la-que.html

Prácticas sociales de concepción del habitar

Carl Wilhelm Hübner (1814- 1879) En la cuna (1857)

Indagar en las prácticas sociales de concepción del habitar exige el auxilio de la psicología profunda.
En efecto, es necesario analizar honda y sistemáticamente el sustrato del deseo de habitar. No basta con recabar demandas concretas y explícitas sobre las condiciones exigidas a los lugares habitados. Se impone indagar en las pulsiones elementales que sirven de fundamento primordial a las imágenes que necesariamente aparecen falazmente racionalizadas cuando emergen en el discurso consciente.
Es preciso indagar sobre los fundamentos originarios tanto en la conciencia de los sujetos, como en las condiciones históricas que los constriñen, complementado con una revisión a fondo de las representaciones operativas actuales.

Porque el aspecto del lugar digno de habitarse no se encuentra en el genio del artífice, sino en el psiquismo del habitante.

Horizontes

Charles- François Daubigny (1817- 1878) Tormenta inminente (1874)

Habitamos la tierra, pero por lo general sólo la hollamos como una figura: dejamos al suelo  (edafos) a las plantas y la profundidad de su seno (tafos) al inframundo.
Habitamos la atmósfera, ciertamente, pero dejamos el cielo a los signos de lo proveniente: los dioses, lo que nos cae (meteoros), lo que deseamos o lo que vendrá.


Charles- François Daubigny (1817- 1878) La villa de Kérity en Bretagne (1878)


En verdad, habitamos el límite entre la tierra y el cielo: habitamos un horizonte, habitamos el horizonte cabe cielo y tierra.
El horizonte no sólo nos sucede, también le ponemos cuerpo y le conferimos lugar: el nuestro.

La fachada se pliega sobre sí misma

Édouard Vuilliard (1868- 1940) Venus de Milo (1920)

Conviene a la residencia burguesa disponer de amplias y cuidadas fachadas: una es la piel que reviste la faz pública del edificio, otra es la membrana que se pliega en el salón.
Una función es común a ambas: la presentación y la representación.
Los sujetos se presentan en tanto poseedores de una respetabilidad de propietarios de bienes. Así, la casa burguesa se viste con igual empaque que el cuerpo del habitante y así se tiene lugar tanto en el ámbito público ciudadano tanto como allí donde la residencia se abre con circunspección al relacionamiento social.
Pero lo importante es, como en tantas cosas, el significado connotado: aquello que objetos, rituales de implementación y aún las personas representan. En el salón es donde la familia burguesa constituye su condición en el ámbito apropiado: solemne recinto en donde se celebran cuidadas ceremonias que mucho tienen de actuación en meticulosos atrezos.

Y sin embargo, como casi siempre sucede, el carácter burgués no puede evitar significarse como tal en reveladores detalles como el de la escena mostrada en nuestro cuadro. Sólo a un consumado rastacuero se le ocurriría posar una reproducción clásica… encima de una chimenea.

Plumas ajenas: Blasco, Arrarás y Lahoz

La ciudad es una realidad compleja a la que los tipos de estas cuatro categorías se acercan sesgadamente. […] Podemos (y debemos) ser prácticos y rutinarios como el usuario, curiosos e intensos como el turista, críticos y poéticos como el paseante, o activos e implicados como los comprometidos. En su conjunto, estas distintas visiones complementarias contribuyen al conocimiento de la ciudad que nos acompaña.

José Antonio Blasco, Carlos Martínez-Arrarás y Carlos Lahoz , 2016

Véase el artículo completo en

Capítulos de una teoría del habitar

Louis Abel-Truchet (1857- 1917) Escena callejera (s/f)

En el estado actual de la cuestión, es posible esbozar un plan general que desarrolle de un modo sistemático la Teoría del Habitar.
Puede pensarse en la sucesión de tres importantes capítulos.
El primero es de naturaleza epistemológica. Se trata aquí de examinar a fondo el objeto de estudio y diseñar un marco sistemático de pertinencia, esto es, qué es pertinente saber sobre el habitar y cómo abordarlo de modo científico.
Un segundo importante capítulo podría dedicarse al examen del habitar en tanto constituye una práctica social. Este aspecto debe ser tratado con el rigor de las ciencias sociales y abarca todo un amplio espectro ético y político. Se revisarían aquí los presupuestos teóricos de las políticas habitacionales tanto como la constitución y reconocimiento de derechos humanos de naturaleza social.
El tercero de los apartados se destinaría al estudio del habitar en su aspecto de producción social. Este aspecto toca los modos y recursos puestos efectivamente en juego en la producción material y simbólica de los lugares habitados en todas sus escalas.

Puede entenderse que la Teoría, como tal, es suficientemente madura para abordarse según un plan general y sistematizado

Artículo recomendable

http://www.santiagodemolina.com/2018/03/la-casa-perdida.html

Purificación

Veniamin Borisov (1935- 2014) Bañista (1993)

El agua es el elemento que purifica con su frescura y limpidez ejemplar.
Para Bachelard, “la imaginación material encuentra en el agua la materia pura por excelencia”. Existe una temprana asociación entre el agua y la vida a través de la experiencia de la fertilidad de la tierra regada, pero sobre todo con la vivencia honda de la frescura en la piel.
Así, podemos experimentar la vitalidad del agua con la experiencia de la sed, pero será con una fresca ablución reparadora que nos purificaremos según un ritual traído desde lo hondo de los tiempos.


Se nos muere el ámbito público en las ciudades

Pablo Sánchez Chillón La internacionalización de la Plaza Dura barcelonesa: Plataforma das Artes e da Criatividade, Guimarães, Portugal.

Si nadie le pone remedio, en una decena de años, los espacios públicos de muchas ciudades, especialmente en los países emergentes de Asia, África y América, desaparecerán para siempre, engullidos por nuevas lógicas de crecimiento desordenado, privatización, ausencia de normativa de protección o cuando no, de pura desidia colectiva, privando a los futuros habitantes de estas ciudades de uno de los pilares fundamentales de la vida comunitaria y la socialización urbana.
Pablo Sánchez Chillón, 2016

Los lugares públicos han sido elementos vertebradores de la vida y desarrollo de las ciudades.
En principio cabe poner atención a un importante matiz. Aquí se habla de lugares y no de espacios bajo la intención de atender no sólo a los sitios físicos abstraídos de su implementación, sino de considerar ámbitos habitados. En este caso, ámbitos de naturaleza pública y por esa condición, cabalmente urbanos.
Los lugares públicos de nuestras ciudades ceden contenido democrático y comunitario, en términos de accesibilidad, participación ciudadana e inclusión social. Esto se manifiesta tanto en los espacios públicos como las plazas y calles, pero también y principalmente en la vida cotidiana de los ciudadanos.

… los espacios públicos, antaño lugares propicios para el estímulo sensorial y la sublimación de las esencias de las diversas comunidades urbanas que integran la ciudad, están comenzando a perder su carácter de lugares de encuentro y socialización espontánea, convirtiéndose en no pocos casos en meros deambulatorios por los que transita (de un punto A a un punto B) una legión de zombies enganchados a una vibrante pantalla digital en un estado de inducida distracción total, indiferentes a la calidad, la belleza o la identidad del entorno urbano que les rodea.
Pablo Sánchez Chillón, 2016

Hay que reivindicar el derecho a la ciudad de los urbanitas como un aspecto concreto del derecho humano a habitar. El carácter del ámbito público será necesariamente congruente con la inteligencia política de la comunidad que se da lugar en la ciudad.

Véase el artículo del autor citado en

La habitación del lugar de trabajo

René Hérisson (1857- 1940) La vidriería Claude Boucher (1904)

Hay algo especialmente mezquino en los lugares en donde sólo se invierte en aquello que se traduce en comprobables beneficios económicos.
Así como el capitalista del siglo XIX despojó al artesano del orgullo por su propio trabajo, sustituyendo una labor esforzada y valiosa en una cruda explotación, así también la magia equívoca del taller tradicional mutó en la fábrica moderna, en donde las máquinas dictan su ley.
Ha pasado ya mucho tiempo y se han sucedido generaciones de trabajadores aquejados de enfermedades profesionales, cuando no muertos en accidentes. Recién en la actualidad se empieza a tener en cuenta las variables ambientales básicas para asegurar un mínimo de salubridad en los lugares de trabajo.
Pero conviene recordar que parte no menor de nuestra condición humana la verificamos en aquello que producimos para ganarnos el sustento. Por ello, los lugares de trabajo deben ser adecuados, dignos y decorosos, propios nuestra condición de seres humanos, ejemplares de la especie homo faber.


Pasiones

Leonid Pasternak (1862- 1945) La pasión de la creación (s/f)

The Secret Sits

We dance round in a ring and suppose,
But the Secret sits in the middle and knows.

Bailamos en círculo con nuestras suposiciones,
mientras el secreto se encuentra en el centro, poseedor de todas las certezas

Robert Frost

La arquitectura como ley del lugar

John French Sloan (1871- 1951) Quinta Avenida, Nueva York (1912)

El lugar común al etnólogo y a aquellos de los que habla es un lugar, precisamente: el que ocupan los nativos que en él viven, trabajan, lo defienden, marcan sus puntos fuertes, cuidan las fronteras pero señalan también la huella de las potencias infernales o celestes, la de los antepasados o de los espíritus que pueblan y animan la geografía íntima, como si el pequeño trozo de humanidad que les dirige en este lugar ofrendas y sacrificios fuera también la quintaesencia de la humanidad, como si no hubiera humanidad digna de ese nombre más que en el lugar mismo del culto que se les consagra.
Augé, 1992:49

La contextura de los edificios y otras construcciones es apenas un emergente parcial de la arquitectura del lugar.
La arquitectura viva de los lugares incluye a las personas, las relaciones que entablan mutuamente, los modos de vida que imponen, todo aquello que cultivan y ordenan. Es la interacción entre personas y lugares la que da origen a una ley interior que se manifiesta en la arquitectura concreta del lugar. Así, la arquitectura es algo mucho más complejo que la proyectación y construcción de los edificios.

La arquitectura, en verdad, es esa ley que somete a su imperio tanto a la conducta de las personas, a los modos de habitar, y a las implementaciones, a través de las cuales habitantes se las ven con sus construcciones.

Artículo muy interesante

Véase:
http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.uy/2018/02/sobre-el-origen-teologico-del-concepto.html

Expectativa

Henry Herbert La Thangue (1859–1929) El experto (1887)


¿Qué preocupa a estos personajes? ¿Los valores artísticos de la obra? ¿O la autenticidad que afecta el valor venal del cuadro? Suponiendo, claro está, que sean valores distintos.

Todo listo

Carl Moll (1861- 1945) Comedor I (1939)

En torno a una mesa servida se convoca a congruentes formas de asumir e interpretar la vida.
La mesa del comedor es el territorio crítico de la etiqueta, esto es, el marco normativo de las conductas que rige a las personas. Se es gente en la medida en que los comportamientos se ajustan a un preciso patrón. Se trata del control preciso de cada gesto con el fin de permitir la más matizada comunicación.
También la mesa es un territorio puro. No es sólo un tema de higiene, sino de compostura, de consagración especial del ámbito de comunión. Hestia, deidad de lo doméstico por excelencia, no sólo se ocupaba del fuego sagrado sino también de la pulcritud.
Así mismo la mesa constituye un ámbito practicable. La sobreelaborada conducta se debe a la necesaria operación microsocial que hace de cada intercambio una negociación de significados y la posibilidad de tejer complejas alianzas y complicidades.

Está todo listo, y el mero hecho de comer, si bien insoslayable, es lo de menos.

Balcones

Thomas Jones (1743- 1803) Un muro en Nápoles (1782)

Así como una ventana es algo más que un hueco en un muro, un balcón es algo más que un enriquecimiento de una puerta-ventana.
Una fachada es más que un muro enfrentado a una calle: es un lugar en donde el edificio se comunica con el ámbito exterior. Esto de comunicarse tiene una denotación —el muro se atraviesa al menos en una instancia— y múltiples connotaciones —el interior conversa con el exterior, le manifiesta carácter, identidad, consideración—.
Un muro con un simple agujero dice poco. Una ventana ya es una discreta confesión de lo que sucede tras el mudo muro. Un balcón es una extensión vividera del interior en la fachada. Si lo único que tenemos que vivir en un balcón es un tendido de ropa, ofrecemos un espectáculo deprivado.


Georges Clairin (1843- 1919) Españolas en un balcón (s/f)


Un balcón es más que un enriquecimiento de una puerta-ventana. Puede ser un desborde dichoso, elegante y aún fastuoso de la vida del interior, que se vuelca de buena gana y con modales hacia el espacio exterior. A éste se le ofrece respeto y consideración con el tratamiento tectónico y también con la vida que bulle.
La arquitectura es una entidad que sólo se completa con la vida que alberga. Por eso, las arquitecturas herméticas que se reducen a mostrarse sin aberturas amplias y francas son una afrenta a la ciudad.