La participación ciudadana


McNair Evans (1979)

Ante este panorama es preciso detenerse a reflexionar sobre, al menos, dos cuestiones principales. La primera consiste en preguntarse si toda esta ingente masa de consumidores se dotara a sí misma de suficiente conciencia de su papel en verdad protagónico en la economía, de manera que se empoderara mediante un generalizado afán de autocalificación, reflexividad ética y productividad activa de demandas específicas. En realidad, no sería nada más que (y nada menos que) mirarse en el espejo de la verdadera y efectiva participación socioeconómica de cada sujeto cuando ejerce su soberano gesto de gastar su ingreso según su real y efectivo saber y entender. ¿Es que las masas consumidoras tienen, de suyo, algún tipo de tara al respecto? ¿No será posible que haya formas sociales operativas de formación, crítica y reflexión?
Si esto último llegara a suceder, acaso fuera posible empezar a entrever la segunda cuestión importante, que es cómo es que los sujetos desbordaríamos nuestros papeles de simples y mondos consumidores de las cosas y de nuestras vidas, para adoptar, masiva y estructuradamente, otros importantes y decisivos roles sociales.

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