La condición de náufrago


Kathleen Laraia McLaughlin

Ahora ¿quiénes de nosotros consigue habitar su lugar propio? Es en realidad difícil contestar con exactitud. Puede sospecharse que, de un modo discretamente sistémico, conseguimos los más habitar lugares impropios de los que, en el mejor de los casos, conseguimos tasas variables de apropiación relativa e inestable. Así, nuestra ciudad es una ciudad de náufragos, sólo que algunos rozan en esto el grado absoluto, mientras que la mayoría consigue arreglárselas, siquiera de modo sumario.
Es el momento de reconsiderar la formulación positiva de nuestros derechos como urbanitas, y luchar porque todos y cada uno de nosotros consiga, en forma plena y comprobable, su lugar propio bajo el cielo de la ciudad.

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