Harvey,
2012
Los empresarios inmobiliarios han hecho
del escenario urbano un tablero de juego en donde, como en el ajedrez, se
disputan las posiciones mutuas. A las ilusiones sociales les han interpuesto
las equívocas imágenes de la inversión de excedentes de capital, la especulación
inmobiliaria, la mercantilización del espacio urbano y el consumo frenético y
suicida de bienes raíces.
La ciudad cede en sus aspectos de
concierto social para ser un despiadado terreno de competencia por los valores
mercantiles del suelo urbano. La urbanización resultante muestra una obscena y
equívoca apariencia de opulencia que apenas disimula su menesterosidad social.
Mientras tanto, los pobres merodean por
ahí, acechantes con sus sueños de encontrar un lugar propio al menos en los
márgenes de tal ominoso escenario.

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