La buena vida (III)



Tom Wood (1951)

Esta última opción quizá resulte más realista con la constitución efectiva de la condición humana: es que somos seres lanzados hacia el futuro. Desde el inconformismo presente divisamos expectantes que ventanas se nos abrirán mañana para la incansable labor de desear. Es de suponer que una buena vida no se evidencie nunca como un estado asentado en ningún presente y sí como una perspectiva de expansión y consumación verificable en los alféizares del tiempo por vivir.

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