Tom Wood (1951)
Esta última opción quizá resulte más
realista con la constitución efectiva de la condición humana: es que somos
seres lanzados hacia el futuro. Desde el inconformismo presente divisamos
expectantes que ventanas se nos abrirán mañana para la incansable labor de
desear. Es de suponer que una buena vida no se evidencie nunca como un estado
asentado en ningún presente y sí como una perspectiva de expansión y
consumación verificable en los alféizares del tiempo por vivir.

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