Jules Aarons
(1921-2008)
Es cierto que la conciencia social aún
es insuficiente en sus alcances y que los amplios sectores populares no han
conseguido todavía empoderarse lo suficiente para calificar sus demandas. De
momento, todo es malestar cotidiano por las difíciles operaciones que cada
urbanita debe realizar para encontrar un lugar acomodado a sus requerimientos
en una ciudad cruel, discriminadora y violenta. Hay quien se atreve a sospechar
que en la ciudad tardocapitalista se libra una sorda guerra civil, una oscura
contienda de intereses contrapuestos de la que resulta la infamante fisonomía
urbana actual. Pero, a no dudarlo, algún día llegaremos a sincerar tales luchas
y, más aún, llegaremos a firmar un armisticio y una nueva ciudad emergerá de
entre los escombros de la actual.
Una ciudad hospitalaria para todos y
cada uno de sus urbanitas.

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