Véase:
https://elpais.com/elpais/2019/02/25/opinion/1551096024_181754.html
"Sólo por la filosofía puede experimentar la inteligencia cómo sus pasiones llegan a conceptos". Peter Sloterdijk, 1998
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La casa de Asterión
George Frederic
Watts (1817- 1904) El Minotauro
(1885)
Si quisiéramos intentar
construir una arquitectura acorde a la naturaleza de nuestra alma -pero somos
demasiado cobardes para eso- el laberinto debería ser nuestro modelo
(F.
Nietzsche: Aurora, aforismo 169)
La
autoridad de Jorge Luis Borges afirma que, como la casa de Asterión, esto es,
el Laberinto no hay otra en la faz de la
tierra. Por otra parte, a poco de avanzar en su descripción apunta: Todas las partes de la casa están muchas
veces, cualquier lugar es otro lugar.
Puede
suceder que, efectivamente, seamos cortos y cobardes para reconocer que en nuestras casas se multiplican con exceso las
estancias y los tránsitos y que cada lugar tenido por único —tenido falazmente
como una única y propia esfera— en realidad es otro lugar. No es que no lo hayamos construido —esto es
inevitable—, lo que nos resulta difícil para nuestra condición (que el filósofo
tilda de cobarde), es comprenderlo.
El deseo de la casa
Kawase Hasui
(1883- 1957) Lluvia en Maekawa (1932)
…la maison abrite la rêverie,
la maison protège le rêveur, la maison nous permet de rêver en paix.
Bachelard,
1957
Hay
que indagar en el deseo primordial de la casa.
Esto
implica partir de considerar primero desde dónde se desea la casa. También hacia dónde se la desea. Lo que supone
situar el deseo tanto en el origen como en el acomodo entrevisto por el
habitante.
Para
el transeúnte mojado por la lluvia, su sueño de una casa puede reducirse a un
recinto seco y cálido, mientras que para un habitante de un modesto recinto así
acondicionado, las cosas pueden presentarse más elaboradas.
Por
otra parte, el deseo de la casa tiene mucho de sueño de vida, de proyecto, de
emprendimiento, de destino autoimpuesto.
A
través de un proceso, que en otro momento se ha calificado de espeleológico, podría irse depurando la
imagen de los pormenores del adorno superfluo, anecdótico y equívoco, para
mostrarse prístina, en su condición esencial.
Esta condición
esencial es la que no debería faltar en la casa efectivamente habitada, en su
cuádruple carácter de deseo, sueño, proyecto y construcción.
Lugares que merecen un banco
Hans Andersen
Brendekilde (1857–1942) Senda sombreada
en un parque (1902)
Hay quienes piensan que los
bancos de las ciudades son responsables de una parte importante de la identidad
del espacio público, afirmando que suponen una oportunidad para ofrecer un
servicio realizando, a la vez, una aportación a la construcción de la imagen de
la ciudad.
Blasco
et.al., 2016
Podría
pensarse en una práctica urbanística distinta a las habituales.
Se
convocaría a los urbanitas a deambular por los distintos lugares de la ciudad
munidos de algún elemento con el que marcar aquellos lugares que merecieran un
banco.
Un
lugar que merezca un banco es un lugar en que vale la pena detenerse, descansar
y disfrutar de las calidades ambientales de cualquier tipo. Así, los urbanitas,
por sí y ante sí, irían indicando sus
puntos señalados en el territorio.
Es de
esperar que tal actividad llevara a la proliferación virtuosa de asientos, los
que trazarían un mapa a escala natural de las verdaderas regiones disfrutables
de la ciudad. Y quizá la ciudad específicamente vivida por sus habitantes
empezaría a emerger, por entre las rendijas de la ciudad que padecemos.
Texturas y colpoprácticas
Johann Baptist
Sonderland (1805-1878) Interior con niños
y gatos (s/f)
La
percepción meramente visual de masas y espacios nos deja fuera de la experiencia arquitectónica.
Esto
es porque hay un elemento perceptivo (estético) esencial en el adentramiento. Las arquitecturas, por lo
general, constituyen lugares practicables, accesibles para su experiencia
íntima con el propio cuerpo. Por ello es ineludible habitarlos rozando sus
texturas. Y estos roces pueden tener un término específico: colpoprácticas.
Se
denomina así a las prácticas habitables que prospectan el lugar interior, que
aprecian, miden, valoran y experimentan de modo inmediato la magnitud
histerotópica, magnitud ésta propia y específica de la profundidad de las
cavidades (kolpos, hysteros).
La
experiencia arquitectónica es, en lo fundamental, una vivencia honda de tacto,
penetración y atravesamiento. Es con el adentramiento de nuestro propio cuerpo
en los lugares que conocemos la
arquitectura de primera mano.
La dimensión alethotópica de ventanas y puertas
August
Holmberg (1851–1911) Interior con fumador
(s/f)
À la porte de la maison qui
viendra frapper ?
Une porte ouverte on entre
Une porte fermée un antre
Le monde bat de l'autre côté de
ma porte.
Pierre
Albert-Birot,
Les amusements naturels,
p. 217.
En
Bachelard, 1957
Los
muros se asocian, conciertan y confabulan para acercar el horizonte a la región
en donde llegan a tocarse las cosas.
Por
su parte, puertas y ventanas se aprestan serviciales para dejar irrumpir las
novedades de todo tipo. Por puertas y ventanas sucede lo que vendrá. Así, los vanos hacen
suceder todo aquello que está más allá del horizonte practicable de los
recintos.
La epifanía
de todo lo que ocurre más allá se desdobla en la vecindad de puertas y
ventanas.
La contundente estética de la austeridad
Fyodor
Andreyevich Bronnikov (1827–1902) Calle
en Italia (1850)
Es
fácil percibir la fealdad en estas cosas quiero-y-no-puedo
que son inútiles intentos de embellecimientos postizos y abaratados.
No es
tan fácil, por su parte, percibir la belleza proveniente de una lograda
austeridad en donde nada sobra y donde resplandece una contundente belleza de
lo simple, de lo depurado, de una virtud que tiene lo auténtico.
Algo en el aire
Henri de
Braekeleer (1840- 1888) La vieja posada
(1877)
Generalmente, ¿cuáles son para
las imaginaciones materiales las cualidades más fuertemente sustanciales del
aire? Son los olores. Para ciertas imaginaciones materiales, el aire es ante
todo el apoyo de los olores. Un olor tiene, en el aire, un infinito.
Bachelard,
1953
Habitamos
atmósferas.
Allí
donde lleguemos, lo primero que hacemos, literalmente, es meter la nariz. Ese
algo en el aire es lo primero que nos permite participar del lugar, más allá de lo que puede anticiparnos la mera
visión. Las calidades del aire de los recintos son las primeras y fundamentales
percepciones efectivas del habitar. Habitar, así, es una práctica inhalatoria,
una percepción inmediata que nos ratifica nuestros efectivos estancia y
tránsitos, un atravesamiento del cuerpo por una crítica cualidad del lugar.
El
tono osmótico del lugar es la primera evidencia de nuestra intromisión y su
primera nota.
Urbanitas
Louis Stettner
(1922- ) Jardín de Tuileries (1997)
Una ciudad no era una amalgama de obras sino un
espacio donde estar, vivir.
Pedro
Azara, 2016
Así
como es necesario atender a los habitantes en arquitectura, que no usuarios, es
preciso enfocarse, en el caso del urbanismo, en los urbanitas.
Los
urbanitas son los sujetos habitantes de una ciudad, que prefieren su modo de vida
tal como allí la desarrollan, frente a alternativas como el campo o las
pequeñas ciudades. Los urbanitas, según esta caracterización, son pobladores de
una realidad específicamente caracterizada. La caracterización de esta realidad
no es el agregado de construcciones,
calles e infraestructuras, sino una comunidad de asentamiento
peculiarmente numerosa, densa y compleja.
Los
urbanitas no se contentan con usar su
ciudad, la habitan según modalidades diversas y complejamente complementadas:
así, la exploran, la conocen, consiguen habituarse
según variados modelos de comportamiento. También actúan como participantes
sociales, económicos y políticos según diversas prácticas sociales. Asimismo,
contribuyen a producir la vida urbana como agentes sociales que demandan y
producen, en forma complementaria, todo aquello que circula en un contexto de
intercambio generalizado.
Hermenéutica arquitectónica (II)
Roger Rössing
(1929- 2006) Renata Rössing (1950)
La
necesaria hermenéutica arquitectónica tiene una segunda y complementaria labor
aparte de la interpretación de las demandas sociales.
Se
trata de promover y estimular la imaginación, de pormenorizar los detalles del
deseo, de indagar en los diversos aspectos de la ensoñación. Es preciso
desarrollar con plenitud la potencia de lo deseante,
del libre juego de las energías subjetivas del habitante.
Ojalá
en un futuro próximo algún proyecto arquitectónico radique en una indagación
profunda de la demanda legítima y cabal de habitar. Será, a no dudarlo, una
obra arquitectónica ejemplar.
Hermenéutica arquitectónica (I)
Paul Gauguin
(1848- 1903) Mette durmiendo (1875)
A las
tradicionales tareas arquitectónicas de proyectar y construir ha de agregarse
una imperiosa e imprescindible hermenéutica de las demandas sociales del
habitar.
Escuchar,
tomar nota, interpretar, repreguntar, indagar, propiciar la participación, el
diálogo, el intercambio, tales algunas de las nuevas tareas que son forzosas
para descubrir los motores ocultos del deseo y el sueño.
Ya se
ha dedicado mucho esfuerzo a la introspección, al cultivo del talento
profesional, al desarrollo creativo del espíritu del artífice. Y se seguirá
dedicando. Aquí se reclama algo de atención a la figura y a la contextura
concreta del habitante, a sus demandas explícitas y sobre todo, a las
implícitas.
Se
trata de indagar en el espíritu humano del protagonista de la arquitectura, que
no es, necesariamente, el arquitecto, sino quien habita los lugares.
Plumas ajenas: Pedro Azara
No puede haber arquitectura sin teoría, pues para
que la arquitectura pueda ser un modelo de vida debe ser equiparada con el arte
el cual solo adquiere sentido o libra éste cuando es contemplado y juzgado,
interpretado.
La teoría funda la arquitectura. La obra de
arquitectura se construye cuando se piensa, no cuando se levanta físicamente.
Eso solo es construccion, una obra que "no levanta cabeza", que no
"mira más allá", hacia el más allá, el mundo de los espíritus, el
mundo espiritual o ideal.
Una construcción no "da qué pensar"; no
ofrece ninguna "visión" del mundo, no invita a relacionarse mejor con
el mundo -o a retirarse. Arquitectura es una construcción (plástica, musical,
teatral o edilicia) que apela a una visión atenta, a teorizar. Hacer
arquitectura es ver el mundo de tal manera que se proyecta o se imagina un
espacio de convivencia, de acogida o recogida.
La teoría "es" arquitectura.
Pedro
Azara, 2016
Aquí es un límite
Eduardo
Chillida (1924- 2002) Elogio del
horizonte (1990)
El límite es el verdadero
protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el verdadero
protagonista del tiempo.
Eduardo
Chillida, 2004
No
podemos hacerlo de otro modo. Entendemos el espacio y el tiempo en nuestra
propia condición limítrofe. Yo, aquí, ahora: tres voces para un
mismo límite fundamental.
Liberaciones de la buena vida
Eduard
Kasparides (1858-1926) Noche de luna
llena (s/f)
La
locución “buena vida” suele asociarse a la opulencia, al consumo refinado y a
la exclusividad.
Cabe pensar si es, en verdad, una
buena vida deseable aquella que deba ser confinada más allá de la abrumadora mayoría social.
Una
economía que se sustenta en la estimulación obsesiva del consumo tiende a hacer
pensar que la opulencia es una clave: Tanto
tienes, tanto vales. Una sociedad
sometida al consumo desenfrenado, tiene a la refinación de este comportamiento
como clave de la consumación de los personajes. Una sociedad y una economía
desiguales y desigualadoras tienen a la exclusividad de las élites como virtud.
Así, la ‘buena vida’ es cara, infrecuente y socialmente restringida.
Pero
puede sospecharse que la verdadera, cabal y efectiva buena vida no es otra
cosa, en la actualidad, que una liberación de tales condiciones.
¿Qué pasaría si empezáramos a creer en serio que
la buena vida es algo accesible, cotidiano y omnipresente?
Menos es más. Elogio de las pocas palabras
Una “casa del
alma” egipcia
Autor,
fecha
Cuando
un difunto, en el Antiguo Egipto, contaba con recursos, se le enterraba con una
“casa del alma”, maqueta arquitectónica realizada en terracota. Pero en otros
casos, los deudos de condición económica más modesta se contentaban con estas
tabletas en relieve.
La de
la ilustración es extraordinaria por condensar las dos configuraciones
fundamentales de la Esfera y del Laberinto.
Hay
ocasiones especialmente logradas en que un mensaje grande entra en un sencillo
significante y atraviesa morosamente los siglos.
Chapeau.
Véase
el artículo de Pedro Azara en
El tamaño conforme
Baustelier
Gropius. Dessau, Alemania. 1927-8 (Edward Curtis)
En
torno a la noción de Existenzminimum
se ha construido no poca ideología arquitectónica. Esta ideología ha amparado y
cobija aún las miserias que el cuerpo profesional arquitectónico inflige a las
amplias masas desfavorecidas a título de vivienda
de interés social.
Puede
que abandonemos esta prehistoria teórica cuando sustituyamos esta noción por el
concepto de tamaño conforme.
El
ejercicio de la arquitectura tal como un humanismo práctico propenderá a juzgar
con certeza cognoscitiva y buen sentido ético, la medida conforme de los seres
humanos, la medida conforme de sus deseos, la medida conforme de sus sueños.
Hay
que dejar de medir las moradas del hombre con la mezquindad de la cinta métrica
y el escalímetro, para dejar crecer las coreografías de la vida liberada… y
acondicionar sus atmósferas.
Hay
que dejar de constreñir el sueño del hombre con hormigón armado para dejar
abrir los brazos a la alegría de vivir… y rozar con levedad las yemas de los
dedos.
Hay
que dejar de apretar el gesto del cuerpo del hombre con las muecas del dibujo
despótico para dejar crecer el ritual cotidiano de hallarse en un lugar en el
mundo.
Plumas ajenas: Pedro Azara
La palabra ciudad viene del latín cives
(ciudadano). El griego polis, que se suele traducir por ciudad, significa en
realidad comunidad o conjunto de ciudadanos. La ciudad propiamente dicha, las
construcciones, se decía en griego astû, y esta palabra deriva de un radical
indoeuropeo WEI, que significa morar, permanecer, y que se halla también en el
tiempo pasado del verbo ser en inglés (was). Es decir, incluso las
construcciones materiales, los edificios
se designaban por el tipo de
"acciones" que acogían: la protección del ser. Una ciudad no era una
amalgama de obras sino un espacio donde estar, vivir.
Pedro
Azara, 2016
Casa de citas
Vasco Prado
(1914- 1998) Modelo en reposo (1988)
El mundo visible ha sido hecho
para ilustrar las bellezas del sueño.
Gaston
Bachelard, 1953
El hombre empieza por existir,
es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es
consciente de proyectarse hacia el porvenir
Jean-Paul
Sartre
No olvides que lo que llamamos
hoy realidad fue imaginación ayer…
José
Saramago, 2002
Instrucciones:
Búsquese el punto común del horizonte de estas tres perspectivas. Allí hay algo
bueno en que pensar.
Alegría de vivir, alegría de habitar
Henri Matisse
(1869- 1954) La alegría de vivir (1906)
Pablo Picasso
(1881- 1973) La alegría de vivir
(1946)
Cuando saltes de alegría, cuida de que nadie te
quite la tierra debajo de los pies.
Stanislaw
Lec
Los
pintores de talento hacen visible aquello que a los filósofos les insumen
largas cavilaciones que ocupan no pocos volúmenes de dificultosa lectura.
Por
eso, es preciso leer con mucho detenimiento en ambas ilustraciones qué cosa es
la alegría de vivir. Parece, si le creemos a Matisse, que la alegría es una
trémula orla de color que contornea las magníficas pieles que queremos tanto.
¿O serán las posturas relajadas en el prado, al resguardo de los árboles?
Si
optamos por Picasso, podemos creer que es una línea ondulante que emparenta a
los músicos con los danzantes.
Podemos
también creer que a los alegres les basta tener
lugar: las alegrías de vivir son, entonces, alegrías simples de habitar,
siempre que algún inoportuno no nos quite la tierra debajo de los pies.
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